miércoles, 4 de marzo de 2020

Un candil en la oscuridad.

                                              Imagèn de google.                                


Cuando estoy escribiendo esto, trato de imaginar la vida en el campo 100 años atrás.
Si mi padre viviera, este año cumpliría 96 años, y esta historia es suya , un recuerdo de
su niñez. 
Mi abuelo era carpintero y era el único en muchas leguas a la redonda. Y a veces le tocaba
hacer un trabajo muy especial.
Contaba mi padre que cuando en el silencio de la noche , a altas horas de la madrugada escuchaban
el galope de un caballo que se detenía frente a la puerta de su casa y cuando el jinete golpeaba la
puerta ya todos sabían porque, alguien había muerto y mi abuelo tenia que hacer un ataúd. 
Cuando eso sucedía se levantaban todos en la casa, mi abuelo a trabajar , mi abuela a acompañarlo
y a cebarle mate y sus siete hijos a alborotar.
Yo nunca había pensado que mi abuelo , debió pasar momentos amargos cuando el difunto era algún
viejo y querido amigo o algún pariente.
Trato de imaginar aquella carpintería en la inmensidad del campo , rodeada de una negra y total oscuridad, alumbrada a candiles o tal vez , como un lujo mayor algún farol a queroseno, mientras que de la noche negra llegaba el chistido de alguna lechuza de mal agüero. 










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