Imagèn de google.
Cuando estoy escribiendo esto, trato de imaginar la vida en el campo 100 años atrás.
Si mi padre viviera, este año cumpliría 96 años, y esta historia es suya , un recuerdo de
su niñez.
Mi abuelo era carpintero y era el único en muchas leguas a la redonda. Y a veces le tocaba
hacer un trabajo muy especial.
Contaba mi padre que cuando en el silencio de la noche , a altas horas de la madrugada escuchaban
el galope de un caballo que se detenía frente a la puerta de su casa y cuando el jinete golpeaba la
puerta ya todos sabían porque, alguien había muerto y mi abuelo tenia que hacer un ataúd.
Cuando eso sucedía se levantaban todos en la casa, mi abuelo a trabajar , mi abuela a acompañarlo
y a cebarle mate y sus siete hijos a alborotar.
Yo nunca había pensado que mi abuelo , debió pasar momentos amargos cuando el difunto era algún
viejo y querido amigo o algún pariente.
Trato de imaginar aquella carpintería en la inmensidad del campo , rodeada de una negra y total oscuridad, alumbrada a candiles o tal vez , como un lujo mayor algún farol a queroseno, mientras que de la noche negra llegaba el chistido de alguna lechuza de mal agüero.
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